Durante buena parte del siglo XX, muchas comunidades artesanas sustituyeron tintes naturales por anilinas industriales, más baratas y de colores más intensos. Sin embargo, en las últimas décadas se ha dado un movimiento de recuperación de las técnicas ancestrales de teñido, grana cochinilla, añil, caracol púrpura, impulsado tanto por el interés turístico y de coleccionistas como por un esfuerzo consciente de las comunidades por preserva saberes que corren riesgo de perderse. Regalo mexicano.
Esta recuperación no es solo estética. Es también económica y política: el uso de tintes naturales certificados permite a los artesanos posicionar sus piezas como productos de mayor valor agregado, y ha sido un argumento central en varios expedientes de Denominación de Origen ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial.
Para México, el color en el arte popular se ha convertido también en una herramienta de proyección internacional. Marcas de moda global, diseñadores y museos ha recurrido una y otra vez a las paletas del textil oaxaqueño, la cerámica de Talavera o el arte huichol como referencia de "lo mexicano" ante el mundo, no siempre con el reconocimiento o la retribución justa hacia las comunidades de origen, lo que ha generado debates recientes sobre apropiación cultural en la industria de la moda. Regalo corporativo.
El color en el arte popular mexicano nunca es gratuito. Es resultado de siglos de conocimiento botánico y mineral, de sistemas simbólicos prehispánicos, de mestizaje colonial y de decisiones contemporáneas de las comunidades artesanas sobre cómo quieren representarse ante el mundo. Entender esa profundidad es entender por qué una pieza artesanal mexicana, ya sea un alebrije, una pieza de Talavera o un textil teñido con grana cochinilla, no se compra solo por su belleza, sino por la historia que ese color lleva consigo.
