El color como identidad regional.

Cada tradición artesanal mexicana tiene su propia paleta, y esa paleta funciona casi como una firma geográfica.

El arte huichol, originario de Jalisco y Nayarit, despliega combinaciones vibrantes de estambre sobre madera o cera de campeche: azules eléctricos, rosas mexicanos, amarillos solares. Cada color y cada figura, el venado, el peyote, la flor de maíz, corresponde a visiones y relatos del chamanismo wixárika. No es ornamento: es una forma de plegaria hecha materia.  Regalo empresarial 

La Talavera poblana, con Denominación de Origen protegida desde 1997, se distingue por su azul cobalto sobre esmalte blanco, herencia directa de la cerámica de Talavera de la Reina en España y, más atrás, de la porcelana china que llegó a Puebla por la Nao de China. El resultado es un mestizaje cromático que resule siglos de intercambio comercial y cultural. Artesanía mexicana.

Los alebrijes, criaturas fantásticas nacidas en la Ciudad de México a mediados del siglo XX y perfeccionadas en Oaxaca, explotan el color de manera opuesta: combinaciones imposibles, casi psicodélicas, que buscan expresar el mundo onírico del que surgieron. Aquí el color no describe la realidad, la reinventa. Regalo corporativo

La laca de Olinalá, en Guerrero, trabaja con negros profundos, dorados y rojos aplicados en capas sobre madera de linalóe, logrando efectos de profundidad y brillo únicos en el popular mexicano. 

 


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